viernes, 27 de abril de 2012

De lápiz HB a boli BIC (y teclado)


Hace ya más de un año que inauguré este espacio con el ánimo de…. No sé, muy bien por qué. Si empezamos por las típicas razones están: porque es una forma de expresión mía, porque me gusta escribir, porque ahora todo el mundo tiene uno, porque ahora hasta los trabajos que ofrece ‘Infojobs’ también lo exigen … En fin, que cada uno escoja el suyo. El mío creo que ha ido variando. Mi estado de ánimo también era un factor importante.

En un principio supe que la constancia era clave para mantener el blog. He comprobado que me falta más de la que pensaba. Si la vendiesen por kilos como si fuese un filete de ternera, tendría que envasarla al vacío para conservarla y comérmela en épocas de inanición mental.

No pasa nada. No pasa absolutamente nada. Sentía presión porque, al fin y al cabo, en periodismo se trabaja con las palabras fundamentalmente y yo no era capaz de formular siquiera un sintagma cuya existencia fuese digna de colgar aquí. No hace falta sentir compasión alguna. Tampoco es la crisis esa que dicen que tienen los escritores cuando se quedan atascados mirando un folio en blanco porque ya se dejaron el pellejo en la anterior novela. No, qué va. Mi caso es más bien modesto, muy modesto. Simplemente es que no me surgía la necesidad de expresarme mediante el blog. Sabía que tenía esa herramienta a mi alcance pero no la utilizaba. La costumbre de seguir escribiendo no la he perdido. Muchas veces he pensado lo afortunada que soy por haber recibido una educación. Empezando con leer y escribir, esas dos cosas que se aprenden en los primeros años de la escuela de forma mecánica, repasando trazos sinsentido (todavía para el cerebro del infante) con una pequeña flecha que te indicaba amablemente por dónde tenías que empezar a posar la punta del lápiz HB entre dos líneas paralelas para no salirte del margen. De este modo he conseguido tener una mente en continuo movimiento, tanto es así que, en los momentos de poca actividad busco adrede algo en lo que pensar, preguntarme y aprender.

Uno puede escribir lo que quiera cuando quiera, como quiera y donde sea con lo que sea. Esa presión que he mencionado ya no es tan notoria. ¿Por qué me estresaba? Creo que porque creía que perdía el tiempo y no hacía nada útil. Qué error tan triste y tan extendido. Nos han inculcado desde que cogimos ese lápiz HB a ser útiles, no a ser personas de valor, por lo que confundí términos con objetivos y propósitos. He descubierto la falacia y la he borrado con lejía. Por eso, de nuevo, no pasa nada. Mi afán de escribir no ha muerto, sino que elige la vía que desea. Ayer era el lápiz HB, hoy el boli BIC (con el que aún me siento muy cómoda) y pasado el teclado, si quiero.

Acabo de empezar a leer ‘1Q84’, de Haruki Murakami. Me lo prestó un amigo, quien insistió sucintamente pero sin olvidar de resaltar cuánto le había gustado y cuánto me iba a gustar. Es el segundo que me leo de Murakami y apuesto a que serán muchos más. En una de sus páginas, un editor le dice al protagonista Tengo, que es escritor: “Tómate tu tiempo”. Así de simple y llanamente. Tanto caos mental carcomiéndome y esta frase, que la habré oído y leído mil y una veces, cobraba sentido en boca de un personaje de ficción.

Concluyendo: mi blog sigue en pie. Cojo aire de nuevo y, esta vez, me lo tomo con calma. Menuda diferencia, en serio.

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